Leí Los dragones del Edén de Carl Sagan cuando estaba en la primaria. Devoré su obra por esa facilidad que tenía para explicar de forma sencilla lo más complejo de la ciencia. Con todo este furor del Mundial, si Sagan siguiera vivo, seguramente nos recordaría cómo nuestro «cerebro reptiliano» sigue gobernando esos rituales de dominancia, territorialidad y comportamiento gregario que …