Leí Los dragones del Edén de Carl Sagan cuando estaba en la primaria. Devoré su obra por esa facilidad que tenía para explicar de forma sencilla lo más complejo de la ciencia.
Con todo este furor del Mundial, si Sagan siguiera vivo, seguramente nos recordaría cómo nuestro «cerebro reptiliano» sigue gobernando esos rituales de dominancia, territorialidad y comportamiento gregario que heredamos de nuestros ancestros de la época de las cavernas.
El fútbol los activa con precisión científica.
Los uniformes funcionan como señales de estatus: lucirse en el vestuario o en la cancha replica los despliegues ritualizados de dominancia que Sagan describe en primates y humanos primitivos.
«Cazar en equipo» también persiste.
Lo que antes era coordinación para cazar a un mamut, ahora es coordinación para mover un balón. El instinto gregario no desapareció; solo cambió de presa.
Y aquí la ironía:
Los mismos impulsos que dificultan la cooperación real y alimentan guerras entre países, son los que generan un consenso universal en torno a los eventos deportivos.
Todos aceptamos las reglas tribales cuando se trata de un partido.
¿De verdad hemos evolucionado después de tantos milenios o solo refinamos los mecanismos del cerebro reptiliano?
Amigos. ¿Ustedes que piensan?